Reproducibilidad

Escher

Según Wikipedia, “la reproducibilidad es uno de los principios esenciales del método científico, y se refiere a la capacidad que tenga una prueba o experimento de ser reproducido o replicado”. La historia científica que vengo a contar hoy gira en torno a la reproducibilidad, pero sobre todo, gira en torno a la importancia de los equipos multidisciplinares en Medicina Molecular.

En junio de 2012 estuve con el Dr. Juan Ángel Fresno una semana en el Functional Genomics Centre de Zurich como investigador visitante. El motivo de dicha estancia era procesar unos datos de expresión de proteínas que habíamos obtenido de una serie de tumores de mama, en el marco de un proyecto del Fondo de Investigación Sanitaria del Instituto de Salud Carlos III. Fue una experiencia muy enriquecedora (tanto, que volvimos un par de años después), y sobre todo, el punto de partida de un proceso de búsqueda de conocimiento.

Por aquel entonces, analizar las proteínas de 100 tumores extraídas de unas muestras fijadas en formol y embebidas en parafina, había sido un reto tanto experimental –pusimos a punto un protocolo propio para la extracción de las muestras– como profesional –los suizos son gente muy seria, tuvimos que demostrar que nuestras muestras alcanzaban sus mínimos de calidad necesarios para ser analizadas.

Todo fue estupendamente, los resultados nos sorprendieron tanto por su calidad como por su complejidad y, de vuelta a Madrid, nos pusimos a analizarlos. Hicimos lo que un buen científico sabe hacer: encontramos proteínas que diferenciaban los grupos clínicos preestablecidos, definimos un grupo nuevo e incluso fuimos capaces de escribir una patente, que a día de hoy está casi concedida y licenciada a Biomedica Molecular Medicine.

Pero nos quedó un fleco. Habíamos sido capaces de medir la expresión de microRNAs en esas mismas muestras. Como sabemos que estos microRNAs son capaces de modular la expresión de los genes, y por lo tanto reflejarse a nivel de la expresión de las proteínas, nos las prometíamos muy felices: íbamos a hacer un análisis de Biología de Sistemas en estas muestras, y de paso entender que procesos biológicos actúan de forma diferencial entre grupos de pacientes.

Nada más lejos de la realidad. Entre lo que nosotros no sabemos hacer (que es bastante), y lo que no está en las bases de datos, nuestros resultados eran descorazonadores. Fue cuando el jefe enuncio una de sus célebres frases: “Dinero no tendremos, pero no nos falta entusiasmo”. Y allá que nos pusimos a peregrinar por facultades de matemáticas, ingenierías y económicas, buscando gurús de las matemáticas que analizaran nuestros datos y nos dieran una solución.

Hablamos con muchos, nos devolvieron la llamada pocos, y repetimos la reunión con un par. Nos costó varios– y extenuantes –encuentros entendernos, centrar la pregunta y decidir que queríamos hacer. No fue fácil, pero muy enriquecedor. Y realmente productivo: publicamos los resultados el año pasado. En Cancer Research ni más ni menos. El esfuerzo había merecido la pena.

Al principio decía que esta historia tenía que ver con la reproducibilidad. Hace no mucho los doctores Hilario Navarro, Paloma Maín y Jorge Martín Arevalillo nos devolvieron un segundo análisis: otras muestras, distinta enfermedad. El método devuelve el mismo tipo de resultados. Encontramos patrones comunes. Bendita reproducibilidad!

Original: Pulse – LinkeIn

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